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"Vitral" 
  Vitral
Luis Hernández Cruz

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Parámetros de la convocatoria
Tren Urbano: Estación Sagrado Corazón
Descripción del ámbito
Nuestro paisaje urbano tiene un nuevo protagonista con el Tren Urbano. A dos años de su inauguración podremos detectar su revolucionaria presencia en la ciudad. Podremos proyectar la mirada invertida que, desde los vagones, le vamos a dirigir a nuestra ciudad. Desde el tren, la ciudad será otra, fantástica y ordinaria a la vez. El Tren Urbano es un lugar, como también son lugares las comunidades que atraviesa. Para su público, el tren es una puerta de entrada y salida a la vida cotidiana. Para los que viven en sus inmediaciones es un hito reclamable. el arte que se proponga debe poder conciliar el carácter de lo local con la totalidad metropolitana de la ruta. Dada la especificidad técnica de las estaciones, cada obra que se proponga tiene que limitarse a los espacios específicamente identificados en cada una, los cuales son el resultado de un minucioso análisis de la operación.
Aforismo

Ficha técnica:
Vitrales para la estación Sagrado Corazón
Módulos tamaño: 1’ 11/16” X 4’6”
Componentes de módulos: 8 planchas de cristal “dalles verre”,
tamaño 4” x 6”

Resulta una axioma hablar de la centralidad de la luz en una obra cuyo soporte es el cristal. Pero, en efecto, de eso trata esta interesante propuesta, a modo de vitrales, de Luis Hernández Cruz para la estación Sagrado Corazón de Tren Urbano. La luz vista a través de una multiplicidad de vidrios de distintos colores ofrece al espectador un espectáculo cautivante. Ello sumándole la cantidad de opciones y matices que ofrece la luz del sol a través de las distintas temporadas del año, las posibilidades de entrada y salida –e incluso, de brillantez que nos puede ofrecer la pieza-vitral. Es por esto que Luis Hernández visualiza su obra como una fábrica de sueños.

Pero no tan sólo para quien pasea dentro de la estación, sino para el que la divisa a lo lejos en la noche, cuando la luz diurna ha ido ha pasearse por otros lugares. Los vidrios multicolores así, de esta manera, comienzan una transfiguración comunicativa. Entonces, de receptores pasan al otro lado de las cosas, al bando de la emisión para completar su particular ciclo iniciado durante la mañana. Un período en el que el elemento lúdico juega un papel fundamental, pues además de la luz, entran a juego otros estímulos sensoriales que llevan el sabor de la niñez a quien a lo lejos pueda percibir los caramelos que se desdibujan sobre las ventanas de la estación del tren.

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